Opinión LEGUMBRES2

Publicado el 28 febrero, 2022 | por editor

Legumbres, el potencial está en su diversidad

El desafío a nivel regional y nacional es reponer el interés por la producción y consumo de legumbres locales, potenciando y mejorando las variedades criollas.

Claudia Osorio Ulloa
Ingeniera Agrónoma, M.Sc Ph.D.
INIA Carillanca

En el escenario actual de cambio climático y en relación a cultivos anuales, las legumbres presentan gran potencial de adaptación a condiciones adversas, conservando o aumentando su rendimiento y valor nutricional. Esto las convierte en una excelente alternativa para la producción sostenible, fortaleciendo la resiliencia de la agricultura familiar por su alta rusticidad.

Debido a su gran adaptabilidad es posible su cultivo bajo una amplia gama de condiciones, y en nuestro país, la mayor superficie sembrada con estas especies se concentra principalmente en las regiones del Biobío, Ñuble y Maule. En La Araucanía, la zona productora de legumbres se ha concentrado en las zonas costera y el valle central, las cuales presentan condiciones climáticas favorables para un óptimo desarrollo productivo de especies como porotos, lentejas, habas y arvejas.
Las legumbres presentan una amplia diversidad genética que facilita la selección o el desarrollo de variedades. La evaluación de genotipos en base a atributos agronómicos y nutricionales es un desafío importante en el escenario actual, donde existe una creciente demanda por proteína de origen vegetal para la elaboración de alimentos. Para dar cuenta de esta demanda, en INIA Carillanca se ha comenzado la evaluación de distintas especies de legumbres, las cuales presentan una variabilidad interesante desde el punto de vista genético en el contenido de proteína de sus granos.

EVALUACIONES

Las evaluaciones de contenido de proteína se realizaron a 20 ecotipos y variedades comerciales de arveja para grano seco y poroto. La elección de estas accesiones se realizó considerando el origen de las semillas, propendiendo a la mayor representatividad en términos de diversidad.

En el caso de poroto, los resultados obtenidos al analizar el contenido de proteína en 20 accesiones, se encontró un rango de variación entre un 16,75 a un 24,61, con un promedio de 19,67%. Lo anterior es particularmente interesante ya que los mayores contenidos de proteína se encontraron en aquellas accesiones consideradas criollas, las cuales corresponden a ecotipos locales, indicando el potencial productivo en términos de kilos proteína/hectárea. En lentejas, el contenido de proteínas se ubicó en el rango de 18,41 a 27,87% con un promedio de 22,86% de contenido de proteína en base a grano entero.
Estos valores, que corresponden a arvejas destinadas a consumo en seco también dan cuenta de la variabilidad genética y del potencial que existe en el desarrollo de variedades con base genética criolla .

VARIEDADES CRIOLLAS

Estas variedades locales o criollas, son el resultado de una selección natural apoyada por los agricultores durante generaciones, lo que hace que estén adaptadas agronómicamente a las condiciones específicas de cada zona de cultivo (suelo, clima, plagas y enfermedades, entre otros), y seleccionadas de acuerdo a la forma, color y características organolépticas de cada zona en particular, por lo que estas accesiones recogen además los gustos locales. Dicha pertenencia territorial cobra mayor importancia, debido a que actualmente hay un mayor interés por parte del consumidor, que demanda productos procedentes de variedades locales y producidas en proximidad, haciendo posible la puesta en valor de este importante patrimonio alimentario. La producción local de legumbres además genera materias primas para el desarrollo de nuevos productos que son cada vez más demandados debido a la creciente necesidad de proteínas de origen vegetal.
El desafío a nivel regional y nacional es reponer el interés por la producción y consumo de legumbres locales, potenciando y mejorando las variedades criollas. Esto permitirá no solo disponer de alternativas productivas para los agricultores, también fortalecer la soberanía alimentaria como un elemento diferenciador de la actividad económica en estos territorios, que permita poner en valor a las legumbres y las prácticas que se encuentran detrás de ellas.


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