Reportajes frutillasss

Publicado el 23 noviembre, 2020 | por editor

Frutillas: el cultivo que endulza a la pequeña agricultura

María Trinidad Llanca encontró en el cultivo de berries una oportunidad para darle valor a su predio en Collipulli. En ffrutillasalrededor de media hectárea, esta pequeña agricultora mapuche y socia de la Cooperativa Agrícola Mapu Huepitrío, tiene un huerto de frutillas, cuya producción fluctúa entre los 400 y 600 kilos a la semana.

“Hace unos siete días que partí con la cosecha y pese a la pandemia la demanda sigue estable e incluso lo más probable es que aumente, ya que las personas compran la fruta para congelarla y hacer sus propios jugos. Uno de mis clientes, que se dedica a la reventa, me compró 70 kilos y esa misma noche me llamó para que le reservará 130 kilos más. Me contó que la fruta se le había agotado en un par de horas”, comenta la productora.

Quince de los 19 miembros de la agrupación, que se formalizó como cooperativa este 2020, optaron por este berry. “Nos decidimos por la frutilla porque la temporada es un poco más larga. Cosechamos desde noviembre hasta fines de marzo y principios de abril. Tenemos de la variedad Albión y Monterrey y la calidad de la fruta es de excelente nivel: dulce, firme y de buen calibre”, explica María Trinidad Llanca, quien gracias a esta actividad no necesita salir de su casa para generar recursos.

Para una zona como Collipulli con tradición cerealera la producción de frutillas es una novedad y un alivio para la agricultura familiar campesina, ya que rinde muy bien en pequeños paños de terreno. En Mapu Huapitrío la mayoría produce en media hectárea o un poquito más.

“Es gratificante. Normalmente la gente salía a trabajar afuera de la comuna en huertos, pero ahora se queda cosechando su propia fruta. Tenemos el trabajo en la casa e incluso generamos empleo a nuestros vecinos. No me imaginaba que podíamos conseguir esto”, dice María Trinidad, quien cuenta que en 2015 partieron con el cultivo de berries gracias al apoyo de CMPC.

“Ha sido de mucha bendición para nosotros. Donde estamos ubicados nadie trabajaba en esto, no teníamos ni idea de como se plantaba la frutilla. Ha sido bastante enriquecedor y en todo el camino hemos contado con asesoría para tener buenos resultados”, dice con entusiasmo.

La cooperativa ahora quiere ir por más. Ya cuentan con un centro de acopio y ahora se han propuesto elaborar sus propios productos. “Estamos trabajando para tener una planta de procesos con el fin de generar recursos para el invierno. En ese periodo no tenemos ingresos”, explica.

Más al sur, en la comuna de Chol Chol, existe otra experiencia comercial que tiene como producto estrella a la frutilla. Se trata del trabajo de la Cooperativa Llawencoop (cooperativallahuencoop@gmail.com) que agrupa a 12 productores y que en conjunto manejan alrededor de 32 hectáreas de las variedades Albión, Monterrey, San Andreas, también están haciendo pruebas con Cabrillo y Merced.

José Montecinos, gerente de la cooperativa, sostiene que la principal motivación tras la labor de esta agrupación es producir y entregar una fruta de calidad.

“Es bonito sacar la fruta. Nos pone contentos ver como crece, como trabajamos nuestros huertos con menos químicos, en familia y como después entregamos nuestra frutilla a los clientes. Entregar una fruta bonita y de calidad nos da alegría”, sostiene.

En la actualidad su producción va al mercado en fresco, pero también una parte va a la agroindustria para congelados. Este año van a entregar a la empresa Agroindustrial Natural Berries Spa, pero el sueño es generar sus productos y contar con su propia planta de procesos.

“Tener una planta no es fácil, requiere muchos recursos y harta paciencia. Nos hemos sentido decepcionados en algunos momentos, pero seguiremos avanzando hasta alcanzar nuestros sueños”, dice.

EL POTENCIAL

Nelson González, ingeniero agrónomo y co-dueño del Campo Demostrativo Tranahuillin, ubicado en el kilómetro 21 camino Temuco a Chol Chol, precisa que este cultivo tiene gran potencial en la zona.

El año 1995 -explica González- el cultivo de la frutilla llegaba hasta Angol y no existía posibilidad alguna de traerlo más al sur, pero gracias a la importación de mejores variedades y la incorporación de técnicas adaptadas a las condiciones climáticas de esta zona, el cultivo cruzó esa frontera.

“Se partió por huertos hermosos en las comunas de Chol Chol, nueva Imperial, Pitrufquen, Mariquina, La Unión, Osorno, San Juan de la Costa, Frutillar, Puerto Varas, Puerto Montt, Puqueldón, Coyhaique, Puerto Natales y Punta Arenas. Pronto el equipo de Inia Kampenaike, en Magallanes, comenzará a trabajar con frutillas en Puerto Williams. En definitiva, las frutillas no tienen límites más que el que podemos darle nosotros con nuestra menor o mayor experticia. Espero apoyar la investigación cuando se pueda llevar el cultivo a la Antártida, así como se llevó el cultivo de lechugas”, señala.

La agricultura familiar, en el sur de Chile, -advierte el profesional- se ha mantenido durante los últimos ciento veinte años produciendo cultivos extensivos como trigo, avena, praderas y otros que por unidad de superficie son poco rentables. Esta situación se ha ido volviendo crítica, ya que la superficie que un agricultor nivel Indap maneja no es mayor a 1 hectárea de riego básico (HRB) (Indap 2018).

“Si a través de los años, la superficie disminuye pero se continúa produciendo cultivos extensivos, basado en el conocimiento histórico y no en las nuevas técnicas que requieren las nuevas semillas, la pobreza seguirá creciendo”, advierte González.

Como resalta el profesional, en la zona sur el cultivo comercial de esta fruta en la década de los 90 se concentraba en Angol. Una sola empresa exportadora -dice González- manejaba superficies superiores a 45 hectáreas anuales. Ya en 2000 con la introducción del cultivo de la frutilla, basada en un sistema productivo moderno, se extendió en el resto de La Araucanía. En la actualidad, según los datos de Indap hay huertos en más de 20 comunas de la región.

La implementación de huertos productivos -enfatiza Gónzález- se fue consolidando gracias el apoyo de Corfo entre los años 2012 y 2016, con dos proyectos que activaron el cultivo, financiando el apoyo técnico, investigación práctica, seminarios y asesorías por más de 4 años.

El mercado de la frutilla se ha ido expandiendo año tras año. Atrás está quedando la producción bajo sistemas rústicos y sin cuidados sanitarios. “Con la insistencia de hacer huertos tecnificados, las empresas fabricantes de plástico y riego fueron colocándose poco a poco a tono con el vivero Llehuén, el único vivero en Chile, que comercializaba y comercializa plantas de frutillas, en forma masiva. Una vez que la empresa de fertilizantes solubles comprendió que La Araucanía era una alternativa para las frutillas, se masificó la producción, llegando hoy en día a más de 180 hectáreas (datos extraoficiales por no existir información encuestada)”, precisa González.

La venta de frutillas se masificó, vendiéndose en ferias y llegando a las regiones de los Ríos y Los Lagos. El precio hoy en día supera los $2.200 por kilógramo.

“Gracias al apoyo de instituciones públicas como Indap, desde el año 2010 se comenzó a financiar huertos pequeños, en un principio y ahora hasta una hectárea con créditos blandos que permiten entregar la producción a empresas exportadoras de la región de Ñuble y comenzar procesos de deshidratación para productos elaborados. Todo lo anterior, en manos de la agricultura familiar”, recalca.

AUMENTO DEL

PERIODO DE COSECHA

Con la expansión de este cultivo sugieron nuevos desafíos. Uno de ellos era ampliar el periodo de cosecha. En el sur de Chile -explica el experto- la producción se hacía preferentemente al aire libre, como en gran parte del país, pero desde el año 2014 González se enfocó junto a un equipo de trabajo a adaptar e implementar tecnologías en coberturas plásticas, dando por resultado un híbrido entre macrotúnel y microtúnel al que llamó mesotúnel.

“Esta tecnología evita el tedioso trabajo de abrir y cerrar ventanas que poseen los invernaderos, manteniendo la temperatura ambiente bajo los rangos aceptables. Esta tecnología es de muy fácil implementación, ya que permite que un agricultor pueda doblar los arcos del túnel, pintarlos y fácilmente soldar las Y griegas”, explica.

Su costo es un tercio al de un invernadero de mismas dimensiones siendo posible de remover e instalar en otro lugar en corto plazo. Por otro lado, si el o la agricultora desean cuidar el plástico, este puede ser sacado sin dañarlo, en el mes de diciembre, para volver a instalarlo en el mes de marzo y así darle dos años más de uso.

“La tecnología de los mesotúneles permitió demostrar que era posible aumentar la época de cosecha en La Araucanía de 6 a 9 meses por temporada. Si a esto le sumamos que disminuye notoriamente la humedad dentro y que es posible ser utilizado para hortalizas de hoja y fruto con grandes resultados, pudimos entregar a la comunidad agrícola del sur de Chile un producto de rápida adopción y fácil autoconstrucción”,sostiene.

Para el momento de reciclar los plásticos, ya está en conversaciones con una fundación para coordinar la entrega de los residuos, no solo de los mesotúneles sin además de mulch que tanto incomodan y contaminan los suelos una vez utilizados.

AGUA

El tema de riego es muy simple y fácil de comprender por los agricultores, afirma Nelson González. Una planta de frutillas, sin importar en qué lugar del mundo esté, requerirá de 0,75 litros de agua diaria, en momento de máxima demanda (enero en La Araucanía).

La cantidad a aplicar dependerá de factores como clima y suelo, siendo bueno utilizar, en La Araucanía, 1 litro de agua total por planta. De este litro, 0,75 litros entrará a la planta y 0,25 litros se perderán por percolación o evaporación. Si el huerto posee riego tendido será tres veces más lo aplicado que si fuera por cinta.

“Entonces, en el sur de Chile es muy sencillo calcular los requerimientos de agua de un huerto. Si el agricultor desea plantar una hectárea de frutillas con 60.000 plantas, deberá contar con 60.000 litros diarios en el mes de enero. Por esta razón, siempre pregunto a mis asesorados antes de todo el caudal de reposición o entrega que tiene su fuente de agua”, asevera el profesional.

El sistema de riego más usado en huertos de frutillas es por cinta, teniendo en cuenta el caudal de entrega por metro y en segundo lugar, la distancia entre emisores, que será menor en suelos arenosos y mayor en suelos trumaos.

VARIEDADES

En cuanto a las variedades disponibles para los productores, González, precisa que en Chile hay un solo vivero establecido que reúne las condiciones sanitarias y de calidad para satisfacer las necesidades del país.

“El vivero Llahuén deja en Chile más de 100 millones de plantas para cubrir los requerimientos de la Agricultura Familiar por temporada”, explica el experto, quien añade que pese a que este empresa tiene varias variedades en el mercado, Albión es claramente la más utilizada en La Araucanía por adaptación, rusticidad y productividad.

“Con producciones reales de 1,4 kilógramos por planta en huertos de agricultores profesionales es, sin duda, la variedad más fácil de hacer producir y la que requiere menos cuidados para hacerlo. Otras variedades como Monterrrey y San Andreas requieren más conocimientos técnicos para alcanzar incluso mayores volúmenes que Albión”, afirma.

De esta manera, recalca que por el momento, y mientras no se prueben las nuevas variedades en el sur de Chile, será mejor asegurarse con Albión.

Poco a poco, asevera, se asoma un nuevo formato de planta, caracterizado por ser una planta activa (no congelada) en cepellón, llamada Try Plant en Europa, que permite a variedades de día corto desarrollarse en tiempo récord y producir su potencial en no más de 5 meses. “Esto permitirá hacer producir un huerto tan solo un año, con altas producciones, para luego eliminarlo y plantar nuevamente tanto en suelo como en sustrato”.

En cuanto a qué variedad elegir. González está convencido de que la variedad de frutillas es la que elige al productor y no al revés. “Si quien produce es desordenado, poco metódico en la fertilización y riego, lo mejor es que elija Albión por la facilidad de hacerla producir y por su capacidad de reponerse a los errores humanos, con mermas no tan grandes.

Para variedades como San Andrea, Monterrey un error en la fertilización o un problema con el equipo de riego, puede significar incluso la muerte de las plantas. Las variedades, en general se adaptan tanto a clima como a suelo, por lo que es normal ver las variedades antes descritas desde Centroamérica hasta Punta Arenas, pasando por todo lo largo de Chile. El elemento crítico no es la variedad sino el o la productor (a).

“Para un huerto comercial, con fines de lucro, no es técnico ni comercialmente correcto el uso de plantas de estolones por su baja productividad y además de estar legalmente prohibido por derechos de Royalty”, concluye.

VALOR AGREGADO

Luis Torralbo, director del Instituto de Agroindustria de la Universidad de La Frontera, reconoce el potencial agroindustrial de este berry. Torralbo explica que la gente tiende a comprar un calibre bastante uniforme de esta fruta y todas las frutillas que están sobre o bajo esa dimensión generalmente tiene precios inferiores. Mucha de esa fruta -advierte el experto- incluso se desecha porque no tiene un mercado que esté dispuesto a comprar. No se trata de un porcentaje menor.

“Entre el 15% y el 20% tiene estas condiciones”, dice. La pregunta es qué hacemos con esa frutilla que es de descarte o de segunda categoría. En la agroindustria podría estar la respuesta.

“Una de las cosas que hace la agroindustria es que siempre trata de comprar materia a un precio más bajo que la de consumo fresco. Existen muchas alternativas industriales, las que parten desde que la frutilla se utilice en mezcla con otros berries para desarrollar jugos que sean altos en antioxidantes que otorgue fibra y sabor. Por ejemplo, una mezcla de frutilla con berries nativos. Así se incorpora el beneficio de varias frutas”, dice.

También se desarrollan deshidratados de alto valor los que se consumen como snack y otra alternativa es la pulpa, la que tiene muchos usos los que dependen de su calidad.

“Se puede tener pulpa que es de primera, segunda y tercera categoría. Para un helado podríamos usar una pulpa premium sin pepa. A medida que crece la oferta de frutilla fresca crece también el porcentaje de frutilla disponible para procesar”.

La agricultura familiar campesina también puede incursionar en este negocio. Si bien levantar una planta de procesos requiere una alta inversión, la estrategia está en asociarse. “La asociación es un buen camino. Hay recursos del Estado para apoyar la agregación de valor a la materia prima”, dice.

Un punto a favor del cultivo de la frutilla de la zona sur son las característica organolépticas de la fruta, las que están asociadas al “terroir” y al edafoclima.

“La fruta que se produce en esta zona es de excelente calidad. Tiene un valor adicional, por sus características funcionales, por su cantidad de antioxidantes. Nosotros hemos hecho varios estudios y objetivamente dada las diferencias técnicas, tipo de suelo, los extremos de nuestro clima en invierno, se producen mayores contenidos de antioxidantes, entonces las frutas son más sanas y más ricas”.

Sebastián Vargas, de la empresa regional Varfel (www.varfel.cl) dedicada a la producción de pulpa de fruta vio este potencial hace varios años. En 2013 partieron congelando berries de la región (frambuesas, arándanos y frutillas), hoy si bien ha sumado nuevos productos a su oferta, la pulpa de frutas sigue siendo su fuerte.

“Nuestra fruta la conseguimos de la agricultura familiar campesina. En el caso de la frutilla la compramos a productores de Chol Chol y Teodoro Schmidt. Nosotros partimos bien chiquititos vendiendo al año $500 kilos y en 2019 terminamos vendiendo alrededor de 45 toneladas de producto terminado”, cuenta Sebastián Vargas.

Este año, producto de la pandemia, bajaron su producción a la mitad debido al cierre de los hoteles, restaurantes y casinos (hasta ahora sus principales clientes), por ello debieron reconvertirse y vender directamente, a través de un sistema delivery, al consumidor final, además de sumar nuevos productos congelados.

Vargas cree que se puede seguir impulsando la producción de frutilla, pero debe ir vinculada al desarrollo de la agroindustria.

“El mercado local aguanta y consume, pero hasta una cierta cantidad. Si se sigue sembrando como se plantea en algunos planes de Gobierno debe ir asociado a empresas que procesen la fruta tanto para congelado o deshidratado”, dice.

Lo otro -sostiene- es que se ve un mayor interés por productos más naturales y libres de químicos. “Si bien la región produce de esta manera, necesita tener sellos que acrediten está condición. Se ve un aumento de empresas que apuntan a un mercado sustentable y necesitan acreditar que los productos sanos e idóneos para ese mercado”, concluye.

 


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